
Este relato surgió hace un par de semanas con el objetivo de marcar el banderazo de salida para una convocatoria llamada #twitterasdesesperadas y ahora que dicha convocatoria ha concluido, me permito compartírselos porque además de haber sido un divertido ejercicio literario, me llevó a reflejar de forma involuntaria la adicción que twitter representa para mi como seguramente para muchos usuarios más, parte real, parte ficción, les presento con gusto:
Mi reino por un enchufe
Otra fiesta infantil, si supieran el martirio que era para mi pensar en asistir a una después de mi divorcio, sin embargo entiendo que para mi hija es importante convivir con sus compañeros y salir de la rutina a la que sin pedirlo se ve sujeta, así que a regañadientes y todo, asistimos las dos.
Ella entró corriendo hasta el fondo del salón, no le vi ni el polvo, ni los zapatos, cuando me di cuenta ya estaba adentro del brincolín y desde donde yo me encontraba sólo veía sus coletas volar por los aires en cada salto, miré a mi alrededor y varias Mamás me invitaban a sentarme a su lado con los típicos golpecitos en el asiento, yo estaba aterrada, veía venir la cascada de preguntas: “¿pero hace cuanto que se separaron? Yo los veía tan contentos!” (claro, como vivías con nosotros, no?) “¿y la niña como lo está tomando?” (fatal, no la ves chille y chille en el brincolín) “¿y ahora dónde estás viviendo?” (¿qué te importa? En la vida nos hemos visitado).
El panorama era desalentador, ¿qué hacer?, ¿cómo escapar? La respuesta era tan simple como evidente, twitter!, la mayoría de las Mamás usan su celular sólo para llamar, puedo fingir que trabajo y tuitear como loca, cuando me pregunten algo, diré: disculpa, estoy enviando un correo, si! Era la coartada perfecta, acepté la invitación de una de las Mamás, la que me llamaba desde la orilla, donde no había más mesas, mientras menos gente tenga alrededor, mejor, pensé.
Y allá fui, ni bien me saludaron me apuré a decir, “tengo que enviar algunos correos del trabajo, que pena” y me senté sin separar la vista de la pantalla de mi blackberry, ah! bendita ella, ahí estaba, con el ubbertwitter en perfecto funcionamiento y un universo de conversaciones que nada tienen que ver con mi divorcio, esperándome de brazos abiertos.
Empecé a tuitear a diestra y siniestra, incluso comenté algunos detalles de la fiesta, de inmediato hubo respuestas y uno que otro tuit me arrancaba una carcajada que hacía sospechar a mis comensales que aquello de los correos de mi trabajo era una vil mentira.
A esas alturas, poco me importaba, me había salido con la mía, me divertía de lo lindo y sin tener siquiera que mirar a los ojos a cualquiera de las asistentes, de pronto, lo único que podía acabar con ese oasis de paz, sucedió, el foquito verde me indicaba que la batería estaba a punto de terminarse, quedaba poco tiempo para tuitear y mucha fiesta por delante.
Afortunadamente como mujer precavida que soy, llevaba en mi bolsa el cargador y lo único que necesitaba ahora, era un enchufe, suspiré, estaba salvada y allá fui a preguntar por el enchufe más cercano, la anfitriona no tenía idea, entre atender el chichón del niño que cayó fuera del brincolín y mandar al marido por el palo para la piñata, que ella olvidó en la casa, estaba hecha una loca, no me hizo el menor caso, fui entonces a buscar a la encargada del salón de fiestas que me dijo “uy señito! hay muy poquitos y están todos ocupados” ¿ocupados? Como que ocupados? Tengo que enviar correos muy importantes de mi trabajo, ocupados donde o como? Podemos desconectar algo? La señora me veía con cara de susto, me imagino que mis ojos comenzaban a salirse de órbita y mi cara a tornarse roja, estaba sin duda, desesperada “no señito pos sólo la de la fiesta, yo no lo puedo decir que quite algo” ok, no se preocupe, respondí.
La de la fiesta, la de la fiesta, esa estaba ya bastante más desesperada que yo, no tenía caso, me dí a la tarea de recorrer todo el salón evaluando que cosa estaba conectada y que nivel de prioridad tendría para la realización de la fiesta, de inmediato pensé en el brincolín, no, demasiado cruel y además implicaba el sufrimiento de mi hija que para ese entonces llevaba ya cerca de dos horas rebotando, por lo menos aseguraba un sueño largo y placentero, no, ese no, seguí buscando... el del estéreo! Nadie lo escucha con tanto ruido, caminé decidida hacia el enchufe pero fallé en mi empresa, junto a la grabadora se encontraba el cuñado de la anfitriona que la hacía de DJ infantil y miraba con cara de malo a quien pasaba a menos de diez centímetros de su aparatejo, no me atreví y seguí buscando.
Mientras eso ocurría, las Mamás me miraban desde sus mesas, murmurando, casi podía escuchar sus comentarios “pobrecita, quedó mal con el divorcio, mírala, está perdiendo la razón” pero no me importaba, tenía que encontrar un enchufe lo antes posible, de vez en cuando tuiteaba contándoles mi terrible situación, en twitter si que me entendían y daban RT a ver si alguien conocía una solución, otros me daban reply diciendo “cárgalo en el coche!” “ve a la tienda más cercana” “coquetéale al cuñado de la anfitriona” las ideas se agolpaban en mi mente, enchufe enchufe enchufe...
Ah! la cocineta, claro, ahí debe haber un enchufe, corrí hacia allá y ahora la Mamá de la anfitriona era la que resguardaba el área, con una cara de sargento mal pagado me interceptó en la puerta y me dijo “que se te ofrece linda?” de esos “linda” que te dicen y te perforan el hígado, tratando de conservar la calma, le dije con la más dulce de las sonrisas: “Sabe Usted? Es que ando buscando un enchufe porque tengo que enviar unos correos urgentes de mi trabajo y el celular se está descargando, entonces…” “ah, no linda, que pena” me interrumpió antes de que llegara a la etapa en que pensaba llorar diciendo que podía perder mi trabajo, refunfuñé mentalmente y le dije “bueno, ni hablar, muy amable” de esos “muy amable” que perforan el hígado.
Volteé hacia el salón y todo me abrumaba: el colorido de los juegos, los niños brincando, gritando, el murmullo de las voces a lo lejos, y yo, mirando en todas direcciones, “un enchufe, un enchufe, tiene que haber uno”, el salón empezó a dar vueltas a mi alrededor, aturdida, trataba de avanzar, vi que una Mamá se acercaba queriendo ayudarme, imagino que para entonces mi estado de desesperación era notorio, “no” sólo atiné a decirle “no, no, un enchufe, no” mientras me retiraba caminando torpemente hacia atrás, no advertí al sargento mal pagado que salía de la cocina con la charola de sandwichitos listos para servirse, tropecé con ella y allá fuimos a dar: charola, sandwichitos, sargento y yo, enseguida la Mamá, la anfitriona, el cuñado y todos los que se encontraban cerca, acudieron en nuestro auxilio y ahí, a nivel de piso, desde mi posición horizontal, vi como una revelación divina, un enchufe!
Sin pensarlo un segundo me arrastré hasta el enchufe, conecté el cargador que todo el tiempo tuve en la mano y vi con emoción como la pila empezaba a recargarse, entonces, me vi, no pude entender como había llegado a ese estado, estaba tirada en el piso, con el pantalón embarrado de sandwichitos y sonriendo porque mi blackberry se estaba recargando, reaccioné, borré la sonrisa del rostro y me incorporé (cuidando que el cable no se desconectara, claro) me sacudí un poco el pantalón, por ahí me acercaron una servilleta para limpiarme la mayonesa y el sargento me veía con cara de querer mandarme al paredón, acerqué una silla y clavé de nuevo la mirada en la pantalla deseando que la maldita fiesta terminara por fin.
Los niños seguían en pleno huateque y ninguno se dio cuenta de lo que había pasado, al terminar la fiesta, acompañé a mi hija por su bolo y cuando me despedía, la anfitriona me dijo: “Salúdame a tu esposo, es una pena que no las haya acompañado”, entonces recordé...ninguna de las asistentes a esa fiesta, sabía de mi divorcio.

























2 comentarios:
Doña, no se lo tengo que decir, verdad???
Si usted no hubiera hecho el concurso, seguro con ese relato gana... es el mejor de todos...
saludoxxx
Curioso el relato. Me hizo reír al recordar cuando uno se aficiona tanto a algo, que casi es imposible dejarlo. Una manera risible y muy entretenida de abordar de forma ficticia el caso. ¿Porque fue ficticio verdad?
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